At the end of every school year, the faculty and staff of Franklin Elementary treat their students to a very special field day. The weather heats up and the kids cool down by playing in the water provided by the teachers, the principal and a very special guest of honor: Provo Fire and Rescue.

After a year full of challenges, the children from Franklin Elementary deserved an end of the year celebration. But when the teachers reached out to the Fire Department to invite them to participate, they were told that Provo Fire and Rescue was not able to do community outreach activities until the first of June—a whole week after the Franklin Water Day was happening.

Many of the students understood, though they were disappointed. Others remained hopeful. Seeing some of the students’ optimism, school librarian Bailey Danielson hatched a plan.

She needed to teach her students about writing persuasive essays, and she felt this would be the perfect way to drive home the lesson. Danielson challenged the students to write letters to the Fire Chief to ask him to reconsider and come to their school water day.

Though some students thought it was not worth the effort — Danielson herself couldn’t make any promises about any outcome — Other students were thrilled at the chance to ask one more time.

The persistent students of Franklin banded together and sent the Fire Station dozens and dozens of handwritten letters.

“It was the first I had heard of it,” said Fire Chief Jim Miguel. “I guess the request didn’t make it past the secretary. So I come into my office, and there’s a stack of letters on my desk this thick,” he said with his finger and thumb about an inch and a half apart, “and a four pack of IBC root beer.”

The letters did not land on deaf ears. When grizzled veterans of Fire and Rescue get letters from elementary kids, they can’t bring themselves to say no. “So I’ve been bribed and coerced into this by school children.”

At around 12:00, the Fire Truck was in place, water bursting from the seams of the fire hose. At 12:30 the children were surrounding Miguel, listening as he expressed gratitude for their notes. “Anytime you really need something from your community members, don’t forget the power of a handwritten letter.”

The opening ceremonies were finished and the fun began. The firemen manned large slingshots, hurling water balloons into a crowd of children, eager to be the ones to catch the balloons mid-flight. Next to them, a large dunk tank invited children of all ages to drop their principal, dressed in a suit, into the water. It was a mischievous teacher, however, who got the first laugh, by sneaking up behind and pulling the lever on him when he least expected it.

Over in the field, buckets filled with water, sponges, and balloons staged a large-scale water fight in the background. Meanwhile, the firetruck’s ladder loomed over the activities, hinting of more fun to come. When the fire hose erupted, showering the field with a deluge of water, the children shrieked with joy and ran under the spraying water. The day will last in the children’s memories for years. When they were approached with adversity, they chose to try to conquer it, rather than simply giving up. It would have been fine if Provo Fire and Rescue stuck to their isolation policy: sometimes that is how it has to be. Nonetheless, their willingness to listen to the pleas of people who really care demonstrates what makes the community in Provo so special.


Estudiantes de Franklin “sobornan y coaccionan” al jefe de bomberos a venir al día de agua

Al final de cada año escolar, los profesores y el personal de Franklin Elementary invitan a sus alumnos a un día de campo muy especial. El clima se calienta y los niños se refrescan jugando en el agua proporcionada por los profesores, el director y un invitado de honor muy especial: Los bomberos de Provo.

Después de un año lleno de desafíos, los niños de Franklin Elementary se merecían una celebración de fin de año. Pero cuando los profesores se pusieron en contacto con el Departamento de Bomberos para invitarlos a participar, les dijeron que el Departamento de Bomberos y Rescate de Provo no podía realizar actividades comunitarias hasta el primero de junio, una semana entera después de que se celebrará el Día de Agua en Franklin.

Muchos de los estudiantes lo entendieron, aunque estaban decepcionados. Otros mantenían la esperanza. Al ver el optimismo de algunos alumnos, la bibliotecaria de la escuela, Bailey Danielson, ideó un plan.

Tenía que enseñarle a sus alumnos a escribir ensayos persuasivos, y pensó que ésta sería la manera perfecta de hacerles entender la lección. Danielson les pidió a los alumnos que escribieran cartas al jefe de bomberos para pedirle que reconsiderara su decisión y viniera a su escuela el día del agua.

Aunque algunos estudiantes pensaron que el esfuerzo no valía la pena, la propia Danielson no podía prometer ningún resultado, otros estudiantes estaban encantados con la oportunidad de preguntar una vez más.

Los persistentes estudiantes de Franklin se unieron y enviaron al Parque de Bomberos docenas y docenas de cartas escritas a mano.

“Era la primera vez que oía hablar de ello”, dijo el jefe de bomberos Jim Miguel. “Supongo que la solicitud no pasó por la secretaria. Así que llegué a mi oficina, y había una pila de cartas de este tamaño en mi escritorio”, dijo con el dedo y el pulgar separados unos dos centímetros y medio, “y una caja de cuatro botellas de IBC root beer”.

Las cartas no cayeron sobre oídos insensibles. Cuando los veteranos de Bomberos y Rescate reciben cartas de niños de primaria, no se atreven a decir que no. “Así que los niños de la escuela me han sobornado y convencido de esto”.

Alrededor de las 12:00, el camión de bomberos estaba en su sitio, con el agua saliendo de las costuras de la manguera. A las 12:30, los niños rodeaban a Miguel, escuchando cómo agradece sus notas. “Siempre que necesites algo de los miembros de tu comunidad, no olvides el poder de una carta escrita a mano”.

Terminaron las ceremonias de bienvenida y comenzó la diversión. Los bomberos manejaban grandes lanzadores de globos de agua a una multitud de niños, deseosos de ser los que atraparan los globos en pleno vuelo. Al lado, un gran tanque de agua invitaba a los niños de cualquier edad a echar al agua a su director, que iba vestido con un traje. Sin embargo, un travieso profesor se llevó la primera carcajada, al acercarse por detrás y jalar la palanca cuando menos lo esperaba.

En el campo, cubos llenos de agua, esponjas y globos escenificaban una gran batalla de agua. Mientras tanto, la escalera del camión de bomberos se asomó por encima de las actividades, insinuando más diversión. Cuando la manguera de los bomberos salió, regando el campo con un aguacero, los niños gritaron de alegría y corrieron bajo el agua pulverizada.

Ese día quedará en la memoria de los niños por años. Cuando se les presentó la adversidad, optaron por tratar de vencerla, en vez de simplemente darse por vencidos. Habría estado bien que los bomberos y el servicio de rescate de Provo se atuvieran a su política de aislamiento: a veces así es como tiene que ser. Sin embargo, su buena voluntad para escuchar las súplicas de la gente que realmente se preocupa demuestra lo que hace que la comunidad de Provo siga siendo tan especial.

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